La Biblia Moralizada y la pedagogía cristiana


El de Biblia moralizada es una denominación reciente para un tipo de libros ilustrados característico del final de la Edad Media. Se trata de códices iluminados, la mayoría del siglo XIII, en los cuales se plasman gráficamente una serie de pasajes bíblicos concretos (es decir, no reproducen la totalidad de las Sagradas Escrituras), con una explícita intencionalidad edificante. Los autores de estos volúmenes no pretendían poner a disposición de sus lectores una versión fiel de la Biblia para que extrajeran sus propias conclusiones, sino que seleccionaban aquellos que mejor servían para sus propósitos pedagógicos, orientando además el modo en que debían ser interpretados.

De este tipo de biblias ilustradas han sobrevivido hasta nuestros días siete códices, todos ellos destinados a la familia real francesa. Cuatro fueron creados en los primeros años del siglo XIII, una época en la que el arte eclesiástico acusaba una fuerte influencia de las artes decorativas, de modo que las ilustraciones aparecen enmarcadas dentro de medallones similares a los de las vidrieras góticas. El texto que las acompaña no es una cita literal de los Evangelios, sino una explicación teológica y moral del episodio que se muestra en la viñeta.

Lo cierto es que, durante la Edad Media, la Iglesia utilizaba las imágenes como un medio de instrucción, como un suplemento a la explicación oral de la doctrina cristiana. Comoquiera que los libros sólo existían en un formato manuscrito, los predicadores no disponían de los recursos gráficos necesarios para reforzar su explicación, más allá de los frescos, los capiteles y las vidrieras que ornaban los templos. Ello impulsó el auge de la copia de los manuscritos y la ulterior aparición de versiones abreviadas, como las llamadas Biblias de los Pobres.




Una de las obsesiones que se detecta en este tipo específico de material gráfico (tanto en el caso de la Biblia moralizada como en el de la Biblia de los Pobres) es la insistencia en trabar una relación de reciprocidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, de modo que quedase perfectamente claro el carácter de profecía del primero, y la naturaleza de cumplimiento del segundo. Esto era así incluso cuando la relación era muy peregrina, llegando a retorcer la interpretación para conseguir demostrar sus tesis (como es el caso de ver la muerte de Cristo prefigurada en el sueño de Adán).

Las Biblias moralizadas fueron creadas para explicar e interpretar los textos bíblicos, como consecuencia de las tendencias didácticas vigentes en la primera mitad del siglo XIII. Aun así, este género de libros sólo tuvieron un uso privado, concretamente por parte de los reyes franceses; es más, se sabe positivamente que el manuscrito de Viena, escrito en latín, se compuso en concreto para la formación en la fe del rey Luis VIII.

El rigor con el que los anónimos autores de las Biblias moralizadas manejaban las fuentes textuales era más bien escaso; por ejemplo, utilizaban fragmentos del Nuevo Testamento sin especificar el evangelista que extractaban, o citaban únicamente algunos versos de los salmos, amputándolos sin ambages cuando ello favorecía a sus propósitos didácticos y moralizantes.




El número total de ilustraciones de la Biblia moralizada es de casi 5.000, dispuestas en dos columnas paralelas del mismo tamaño, con cuatro viñetas en forma de medallón cada una y su correspondiente explicación textual y alegórica al lado, a modo de leyenda. Lo cierto es que, frente al desenfado y negligencia filológica con que los autores empleaban las citas textuales, la factura gráfica de las miniaturas es delicada y cuidadosa, siendo conscientes de la alta dignidad política y social de sus destinatarios.

Al códice de Viena citado le siguió el depositado actualmente en la Biblioteca Nacional de Francia, que es una copia casi idéntica del mismo, aunque difiere de él en que sus explicaciones alegóricas son más breves y sencillas.

Aunque no se conoce el nombre de los autores de estos códices, sí se ha podido distinguir, tras un paciente análisis, la intervención de más de una docena de artistas diferentes en su composición, entre los cuales parece identificarse al Maestro del Salterio de Jeanne de Laval y al Maestro de Jouvenel, los cuales no trabajaron al mismo tiempo en el manuscrito, sino de forma puntual y salteada.

Hay ciertas diferencias materiales entre las primeras Biblias moralizadas y las más tardías: mientras que las más antiguas empleaban un único pergamino para cada folio, más tarde se optó por utilizarlo por ambos lados, reduciendo así el coste de producción del códice. Asimismo, también se acusa un evidente cambio estilítico entre ellas, ya que la influencia del estilo bizantino, más idealizado, de los primeros manuscritos fue cediendo ante un ímpetu más realista a medida que avanzaba el siglo XIII.



Por último, destacar el frontispicio del códice de Viena, en el que aparece la figura de Dios (o de Jesucristo, según los autores) durante la creación del mundo, utilizando un compás. Esta idea de Dios como arquitecto parece trasladar al ámbito de la iconografía religiosa el concepto platónico de la divinidad como demiurgo y ordenador externo del cosmos.


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